AMAN DE FORMA DESINTERESADA
Las Personas con Sindrome de Down aman siempre sin esperar nada a cambio y dan todo lo que tienen en su interior con el único
deseo de que se les devuelva amor por su amor. Quieren a las personas cercanas por lo que son y
no por lo que de ellas pueden alcanzar. Dan cariño sin esperar una recompensa, de una forma
espontánea y natural de la que no son conscientes y que, por eso mismo, no parece que les cueste
ningún esfuerzo, como si formara parte de su naturaleza.
En el corazón de las personas con síndrome de Down no hay lugar para el rencor. Esos minúsculos
corazoncitos, con tantas insuficiencias y anomalías, cuentan con un poder añadido con el
que nacieron todos ellos: son tan pequeños que el rencor no tiene cabida, no encuentra un hueco
donde instalarse y son incapaces de odiar por mucha maldad que se haya vertido sobre ellos. Olvidan
con facilidad las afrentas y devuelven cariño por dolor, como si su memoria fuera incapaz de
recordar el daño que les hicieron. Venimos al mundo solo para dos cosas: para aprender y para
amar (Rovira, 2006). En realidad, para aprender a amar. De esta vida lo único que nos llevaremos
es aquello que hayamos dado (Jodorowsky, 2001) y las personas con síndrome de Down es seguro
que llevarán repleta su valija, pues mucho es lo que aportan.


